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Los hermanos son personajes importantes de esta historia que a veces quedan involuntariamente relegados.

Para los papás es difícil ocuparse de todo lo que necesita el niño enfermo, de la relación con los médicos, de los trámites y de sus propias necesidades y a veces no tienen energía para dedicar a los hermanos sanos. Sin embargo, aunque sanos, éstos también están viviendo una situación difícil. Si son pequeños, frecuentemente no llegan a entender la gravedad de la enfermedad, sintiendo que son dejados de lado y habiendo perdido de repente su rutina habitual y la presencia cercana de sus padres. Si son más grandes comparten la angustia y la incertidumbre de los momentos iniciales del tratamiento. En ambos casos, si bien demuestran su amor por el hermano enfermo, es habitual que aparezcan celos, ganas de enfermarse o reclamos de atención.

La mejor manera de tenerlos en cuenta es hacerlos partícipes de lo que ocurre, por supuesto prestando atención a su edad y capacidad de comprensión. Es importante que en alguna ocasión concurran al hospital, sepan acerca del tratamiento, se les explique de qué se trata la enfermedad que padece el hermanito o hermanita. Por supuesto que incluirlos no significa que pierdan su rutina ni sus actividades, les ayuda mucho poder continuar en contacto con sus amigos, con su escuela, con sus maestros y familiares. En muchos casos un maestro sensible a sus necesidades, un tío, una amiga de la familia pueden transformarse en adultos de sostén que ayuden a los papás mientras están ocupados en atender al niño enfermo.

En nuestra casa siempre tenemos reservado un lugar para los hermanos sanos, comparten momentos y juegos , conocen a otras familias en igual situación y se introducen de alguna manera en el mundo nuevo que apareció a partir del diagnóstico.


Nota:
Hay un documento sobre este tema:


 


 
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